Dos estudios internacionales publicados recientemente sitúan a nuestro país entre las 20 naciones del mundo más influyentes gracias a su entorno social, cultural, económico y de gobernanza.

 

En el último año, España ha mejorado su posición en el entorno del soft power o poder blando. Es decir, en sus fórmulas culturales, sociales, económicas y de gobernanza para atraer la atención internacional y ejercer influencia sin necesidad de llevar a cabo muestras de fuerza o de potencia militar. Así lo demuestran dos estudios recientes: The Soft Power 30, publicado por Portland, Facebook y USC Center of Public Diplomacy, y Global Soft Power Index, elaborado por la consultora Brand Finance.

El primero de ellos sitúa nuestro país en el puesto número 13 de su ranking. Según sus datos, mejoramos puntuación y posición con respecto a los dos informes anteriores: en 2017 obteníamos 63,57 puntos y nos colocábamos en el 15.º escalón; en 2018 superábamos los 69 puntos y subíamos hasta el 14.º; y en el último, con datos de 2019, hemos conseguido más de 71 puntos y alzarnos hasta el 13.º. Nos ponemos así por delante de naciones de gran reputación en poder blando como Dinamarca, Finlandia, Bélgica y Nueva Zelanda.

Entre los campos evaluados, las mejores puntuaciones se han recogido un año más en Cultura y en Acuerdos y Compromisos, dos subcategorías en las que nos posicionamos en el 5.º y 6.º escalón del mundo, respectivamente. Por otra parte, hemos mejorado de forma notable en el área Digital, pasando del 26.º en 2017 al 13.º en 2019.

 

Una cultura influyente

 

El segundo estudio nos sitúa en el puesto 16 de una lista de 60 países tras evaluar las respuestas de una muestra de 55.000 personas de un centenar de naciones, consultadas en el otoño de 2019. La clasificación está basada en los siete pilares del poder blando: negocios y comercio, gobernanza, relaciones internacionales, cultura y patrimonio, medios de comunicación, educación y ciencia y personas y valores.

España ha obtenido una puntuación de 47,6 puntos sobre 100, superando la media global (40,8) y desmarcándose en el plano cultural y social. Según el informe, somos reconocidos mundialmente por la amabilidad de nuestros habitantes, por nuestra oferta de ocio y por el éxito de muchas de las marcas y productos que salen de nuestras fronteras.

Por otra parte, la gastronomía y la alta cocina española también son de las más valoradas del mundo, al igual que nuestro patrimonio histórico, nuestro arte y nuestro estilo de vida. También es reconocida por la gran influencia que ejercen sus deportistas más ‘top’: no sólo por contar con la firma futbolística más valiosa del mundo, el Real Madrid. En este punto también resuenan nombres como los de Rafa Nadal o Mireia Belmonte entre otros muchos asociados al tenis, la natación, el automovilismo, el patinaje, el balonmano y un largo etcétera.

 

Puntos fuertes

 

Uno de los puntos fuertes de España ha sido, desde siempre, su gran riqueza cultural y patrimonial. Recordemos que es el tercer país del mundo con mayor número de designaciones de Patrimonio Mundial por parte de la UNESCO, solo por detrás de China y de Italia, con 48 bienes y espacios que están considerados únicos y diversos.

Algo que atrae anualmente a decenas de millones de turistas, que no sólo vienen a nuestro país a disfrutar del sol y la playa. Recordemos que en 2019 vinieron a visitarnos 83,7 millones de personas desde fuera de nuestras fronteras, un 1,1% más que en el ejercicio anterior, que desembolsaron más de 92.000 millones de euros, según datos de las encuestas de Movimientos Turísticos en Frontera (FRONTUR) y de Gasto Turístico (EGATUR) del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Más allá del turismo nos encontramos con que cada vez más empresas españolas han dado el salto al ámbito internacional. Según el estudio HSBC Navigator, la mayor encuesta a directivos de empresas a nivel mundial, un 85% de nuestras compañías cree que este 2020 será de crecimiento, y de éstos un 45% opina que la mejora económica llegará a través de la apertura hacia nuevos mercados.

A todo ello hay que sumar el recorrido de la lengua española, la segunda más hablada en todo el mundo de forma nativa con 483 millones de hispanohablantes que se reparten por 30 países, según Ethnologue, Languages of the World. Se han contabilizado 580 millones de personas que son capaces de comunicarse a través de este idioma, un 7,6% de la población mundial, y según el Instituto Cervantes, utilizarlo en los negocios multiplica por siete los flujos bilaterales de inversión extranjera directa (IED).

Por todos estos motivos (y muchos más) España se ha convertido en uno de los países más influyentes del mundo sin necesidad de realizar alardes de fuerza. Su poder blando o soft power es uno de los más reconocidos, además de haberse convertido en la principal vía de crecimiento para su economía. Es decir, es una fórmula indiscutible que debe seguir mejorando año tras año.

 

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