5 datos sobre la Biblioteca Nacional de España
24/02/2020 |

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Dedicada a reunir, catalogar y conservar piezas bibliográficas producidas en territorio español ​la Biblioteca Nacional de España se ha consolidado, durante sus más de 300 años de historia, como uno de los pilares vertebradores de la riqueza cultural de nuestro país y un foco de proyección cultural universal. No es de extrañar, pues, que la Writer’s Academy de la editorial Penguin Random House la incluyera en 2017 en su ranking de las 25 mejores bibliotecas del mundo, junto otros templos del conocimiento como la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, la Biblioteca Nacional de Francia o la Biblioteca Británica.

Situada actualmente en el madrileño Paseo de Recoletos, lo que no todo el mundo sabe es que no siempre estuvo ahí, que las mujeres no tuvieron permitido el acceso hasta más de un siglo después de su creación, o que los videojuegos también forman parte de su inmenso catálogo.  

1. De Real Biblioteca a Biblioteca Nacional, y de la Corona al Gobierno

  La que hoy conocemos como Biblioteca Nacional se inició en 1711, cuando el rey Felipe V, primer rey de la dinastía Borbón, aprobó el plan para crear una biblioteca que renovara la erudición histórica y difundiera las raíces de la nación y de la monarquía españolas. Su primer catálogo estuvo formado por 6.000 libros que el nuevo rey trajo en su mayoría de Francia, así como mapas, manuscritos y obras de música. 

Denominada Real Biblioteca Pública, se abrió al público el 1 de marzo de 1712, aunque no fue hasta 1716 cuando Felipe V firmó el Real Decreto Fundacional, que aclaraba el carácter público de la biblioteca y establecía las bases fundamentales de su funcionamiento. 

Más de un siglo después, en 1836, la Biblioteca Real pasó a denominarse Biblioteca Nacional, dejando de ser una propiedad de la Corona –los bibliotecarios eran considerados criados de la Casa Real- para formar parte del Gobierno.


Sección de Catalogación de la BNE. Foto: Miguel Cortés Faure / BNE


2. Antonia Gutiérrez, la primera mujer investigadora en la BNE

  Pese a su carácter público y abierto a los estudiosos, no fue hasta 1837 cuando accedió la primera mujer investigadora, 120 años después de su creación: Antonia Gutiérrez Bueno

Hija de familia acomodada e ilustrada, Antonia Gutiérrez, comprometida con la educación femenina, formuló a sus 55 años la petición a la Biblioteca Nacional para documentar su continuación del Diccionario histórico y biográfico de mujeres célebres, que había comenzado a publicar en 1835 bajo pseudónimo masculino. El Director de la Biblioteca Nacional trasladó la petición al Ministerio de la Gobernación, del que dependía la institución, indicando que pese a estar prohibido el acceso femenino en sus normativas, proponía una sala pequeña en la planta baja, donde no cabían más de cinco o seis personas, número que, en caso de ser mayor, requería de más gastos en mesas e instalaciones. 

La reina regente, María Cristina, lejos de impedir el acceso femenino o un mayor gasto en instalaciones, resolvió el problema indicando al Director de la Biblioteca que permitiese “la entrada en la sala baja que indica a las mujeres que gusten concurrir a la Biblioteca (…) no solo a doña Antonia Gutiérrez, sino (…) a todas las demás mujeres que gusten concurrir”, añadiendo además que, “en el caso de que afortunadamente el número de estas excede de cinco o seis, lo haga usted presente, manifestando el aumento de gasto que sea indispensable”. 

Hoy día, sin embargo, las mujeres son mayoría en la institución: desde su Directora y la Presidenta de su Patronato, hasta el personal de sus instalaciones.  

Salón de Lectura de la BNE. Foto: Carlos Montes / BNE


3. Las publicaciones en línea, las últimas en unirse al catálogo

  Desde su constitución, gracias al privilegio real de 1716, precedente del actual depósito legal, los impresores debían depositar un ejemplar de los libros impresos en España, lo que ha servido para nutrir los fondos de la Biblioteca, además de la compra, el canje y las donaciones. 

Actualmente se calculan en más de 35 millones las piezas custodiadas por la BNE, entre las que, además de libros, se incluyen revistas, mapas, grabados, dibujos, partituras, registros sonoros, vídeos y folletos, entre otros. 

Con la expansión de Internet, gran parte del patrimonio documental ya no está en soporte físico, sino cada vez más en la red. En 2011, la ley de Depósito Legal se adaptó a esta nueva realidad para contemplar las publicaciones en línea como documentación a preservar. Así se creó el Archivo de la Web Española, que recolecta de manera automática la información más relevante en la red para la cultura, la historia y la sociedad española, que alcanza hoy los 460 Tb de información archivada. La BNE conserva también ya más de 120.000 publicaciones nacidas digitales.   

​A principios de febrero, la BNE anunció que como parte del patrimonio cultural español, los videojuegos, que han sido siempre objeto de depósito legal, merecían una especial atención para garantizar su preservación y acceso futuros. Como primer paso, la BNE ha localizado los videojuegos que ya están depositados en sus archivos para determinar cuáles deben ingresar y así completar la colección en formato físico.  

 

4. Varias sedes y mudanzas hasta llegar a Recoletos

  La BNE no siempre ha estado en su actual edificio, en el madrileño Paseo de Recoletos. Tras la aprobación de Felipe V, en 1711, se comenzó la construcción de la Real Biblioteca en el pasadizo que unía el Real Alcázar de Madrid con el convento de la Encarnación

​Durante el siglo XIX la Biblioteca cambió varias veces de sede: primero en 1809, cuando, durante el reinado de José Bonaparte, se trasladó al convento de los trinitarios calzados de la calle de Atocha. En 1819 volvió a cambiar, esta vez al palacio donde celebraba sus sesiones el Consejo del Almirantazgo Real, debido a las reclamaciones realizadas por los trinitarios calzados tras el regreso de Fernando VII. Y, en 1826, se trasladó a la antigua casa del marqués de Alcañices, en la actual calle de Arrieta, donde permaneció hasta finales del siglo. 

No sería hasta 1876 cuando la reina Isabel II colocara la primera piedra del Palacio de Archivos, Bibliotecas y Museos, situado en el paseo de Recoletos, y proyecto de Francisco Jareño Alarcón. Por problemas económicos, las obras avanzaron con gran lentitud y cambios en el proyecto inicial, hasta que en 1892 concluyeron y, en marzo de 1896, se abriese la Biblioteca Nacional al público en su nueva y actual sede. 

Hoy la BNE cuenta con otra sede en Alcalá de Henares, integrada por seis torres, una de ellas con un depósito robotizado que maneja cerca de 2.000.000 de documentos. En total la sede de Alcalá tiene más de 250 kilómetros de estanterías. Es un depósito en constante crecimiento para el que está proyectada la construcción de una séptima torre.  

Escalinata de la sede central de la BNE


5. Fuerte presencia digital

  Su papel como institución guardiana de tesoros bibliográficos españoles no le ha impedido, sin embargo, adaptarse a los nuevos tiempos. Su presencia en redes y la puesta a disposición de cont​​enidos digitales han otorgado a la BNE una importante presencia en Internet. Su web ha recibido casi 7 millones de visitas durante el último año, y se han descargado unos 10 millones de documentos. En redes sociales tiene más de medio millón de seguidores, que reciben información no solo de su fondo documental, sino de su amplio programa de actividades culturales. 

​La digitalización de los fondos de la BNE iniciada en 2008 ha supuesto, de hecho, una profunda transformación en la forma en que la institución se relaciona con sus usuarios, permitiendo el acceso digital a más de 220.000 obras. La BNE también está presente en las principales plataformas internacionales de contenido digital: Europeana, en el ámbito europeo; la Biblioteca Digital Mundial impulsada por la UNESCO; y la Biblioteca Digital de Patrimonio Iberoamericano (BDPI)



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