España sufrió el yugo de una dictadura durante cuarenta largos años hace menos de medio siglo. Conviene recordarlo para dotar de la relevancia que merece al hecho de que hoy el nuestro sea uno de los países más libres del mundo. ¿Alguien podía imaginar, a mediados de los años 70, expresiones de libertad tales como el 8M, las manifestaciones del Orgullo LGTBI, las protestas del 15M o las de ciudadanos abiertamente independentistas en plena capital? ¿O la pluralidad política que refleja nuestro Congreso de los Diputados? Muy pocos hubieran sido capaces de creer algo así.

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Así comienza el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que recoge y reconoce el conjunto de libertades civiles y derechos políticos esenciales del ser humano, entre ellos la igualdad ante la ley, el recurso a la justicia, la libertad de expresión, de asociación, de reunión, el derecho a la participación política y la libertad de voto.

Todas esas libertades han sido la guía por la cual se han movido la sociedad, las instituciones y los partidos políticos. El fantasma de otro tiempo ha quedado muy lejos.

El Preámbulo de la Constitución española declara “el deseo de la Nación española de establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran”. Con su aprobación en 1978, los ciudadanos expresaron su voluntad de que estos valores fueran la base de la convivencia democrática, que tan buenos resultados nos ha proporcionado en las últimas cuatro décadas.

Libertades consagradas

Fruto de lo anterior, España es hoy reconocido en todo el mundo como uno de los países más libres. Así lo recoge año tras año el informe Freedom in the World 2019 que elabora Freedom House. De hecho, tal y como refleja el índice de esta organización no gubernamental, España figura en el puesto número 20 de 195 países, y obtiene una calificación de 94 puntos sobre 100 en cuanto al respeto a las libertades fundamentales. En el listado ordenado de todos los países con mayores libertades, España se sitúa por delante de vecinos europeos como Francia, Italia y Reino Unido.

El índice Freedom House se elabora a partir de un cuestionario realizado a los ciudadanos de cada uno de los países y territorios analizados, en el que se valora el estado de sus libertades fundamentales; especialmente los relativos a libertad de voto, de reunión, de asociación, de movimiento y de expresión a través de los medios de comunicación. España saca la máxima puntuación (1 sobre 7, siendo uno el máximo y 7 el mínimo) en los tres indicadores: libertad, derechos políticos y libertades civiles.

La buena consideración que obtiene España en esta clasificación cobra especial importancia si se tiene en cuenta que se ha producido en un año (2018) en el que se ha seguido registrando “un declive a escala global de las libertades”, según apunta Freedom House. Todas las regiones, excepto Asia-Pacífico, tienen una puntuación promedio más baja en 2018 que la que tenían en 2005. El informe recoge la preocupación del aumento de gobiernos autoritarios que “están prohibiendo grupos de oposición o encarcelando a sus líderes, ignorando los límites de los mandatos y apretando los tornillos a cualquier medio independiente”.

Un marco legal para proteger nuestras libertades

A la hora de evaluar el grado de libertad de los ciudadanos de un país, es también relevante el estudio anual del World Justice Project, el Rule of Law Index.  En su edición de 2019, la posición de España es especialmente destacable en el respeto a los derechos fundamentales de los ciudadanos, situándose en el puesto número 16 entre 126 países analizados.

Conviene no olvidar, igualmente, que según el Pew Research Center, nuestra ciudadanía es una de las más tolerantes del mundo con las diversas formas de amar. Sus estudios, de hecho, demuestran que tan solo un 9% de la población se opone o es contraria a la igualdad del colectivo LGTBI.

 

FUENTES: