A lo largo del tiempo, España ha sido una de las naciones que más ha trabajado por la expansión del conocimiento. Muy especialmente en los siglos en los que los territorios españoles se extendieron a lo largo y ancho del mundo: desde la llegada de Colón a territorio americano, en 1492, y la primera vuelta al mundo, durante el primer cuarto del siglo XVI; hasta que se perdieron las últimas posesiones en 1898.

Tras las diferentes llegadas a América y Asia, España llevó su cultura, lengua e instituciones allí donde recalaron sus barcos. Y, en nombre de la Corona, se fundaron las primeras universidades de estos continentes. Se calcula que en estos años se crearon, al menos, una treintena de centros de educación superior. Entre ellos está la universidad más antigua implantada en el Nuevo Mundo, la de Santo Tomás de Aquino, en Santo Domingo. Fue creada en el año 1538 y reconocida por el papa Paulo III a través de una bula, aunque no fue oficializada por la Corona de España hasta dos décadas después. Desapareció en 1823 con la entrada de las tropas haitianas al país.

Desde el punto de vista histórico, a su lado siempre está la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, ubicada en Lima (Perú). Fue oficialmente creada y reconocida en 1551 gracias al trabajo del académico fray Tomás de San Martín, bajo el nombre de Real y Pontificia Universidad de la Ciudad de los Reyes de Lima. Hoy todavía está activa y presume de ser el centro de educación superior más antiguo del continente reconocido a través de una Real Cédula.

A éstas les siguieron otras muchas, como la Real y Pontificia Universidad de México, oficial también desde 1551 (aunque no fue inaugurada hasta 1553). O la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca, la tercera en antigüedad de Hispanoamérica aún activa, fundada en Sucre (Bolivia) en 1621.

Sin olvidar la importante labor de difusión de la cultura realizada por las misiones españolas en muy diferentes ámbitos geográficos de los actuales Estados Unidos o Paraguay.

 

La llegada a Filipinas

 

Aunque imperios como el chino ya habían instaurado en Asia espacios formativos que podrían considerarse universidades al uso, España fue la encargada de dar la forma inicial a la más antigua que hoy en día se mantiene activa: la Pontificia y Real Universidad de Santo Tomás de Aquino de Manila (Filipinas). Fue fundada en 1605 por el dominico español Miguel de Benavides, tercer arzobispo de la capital filipina. Éste, al morir, donó su biblioteca y demás posesiones para hacer germinar este centro de educación superior.

A lo largo de su historia ha sufrido las vicisitudes impuestas por el conflicto, como la independencia filipina de 1898, la ocupación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial y los intentos de difuminación del legado hispánico y europeo. También ha sobrevivido a las inclemencias de la madre naturaleza, de tal manera que el que es hoy su edificio principal, inaugurado en 1927, fue el primero del país con protección frente a terremotos.

Casos como estos son ejemplos claros de como la cultura española ha quedado impregnada en la historia de multitud de naciones y en sus pueblos, repartidas a lo largo y ancho del mundo. Especialmente en el uso de la lengua española, predominante en toda América y con multitud de préstamos entre las lenguas y dialectos que se reparten por el archipiélago filipino, la zona de Asia que formó parte de nuestra comunidad y en otros enclaves como Guinea Ecuatorial.