Retratos de Alejandro Malaspina y José de Bustamante

El 30 de julio de 1789, varios centenares de ilustrados españoles iniciaban una vuelta al mundo para recabar conocimientos científicos, económicos y sociales en una de las mayores expediciones de la Historia

 

En un mundo en transformación debido a la Revolución francesa y a la independencia de los futuros Estados Unidos de América, dos embarcaciones españolas cargadas de astrónomos, hidrógrafos, cartógrafos, botánicos y dibujantes iniciaban en 1789 una de las mayores expediciones científicas de la Historia. Comandada por Alejandro Malaspina y José de Bustamante, recorrería las costas de toda América, Filipinas y Oceanía, recabando no solo conocimiento científico y etnográfico de esos territorios, sino también el pulso político y social del antiguo Imperio español.

Una gesta, la de Malaspina y Bustamante, que logró superar los hallazgos científicos de ingleses y franceses como Cook, La Pérouse y Bougainville pero que, sin embargo, parece ocupar un segundo plano en la historiografía universal. Justo cuando se cumplen 231 años del inicio de la aventura, recordamos algunas de las claves de un viaje extraordinario.

 

Antecedentes

 

La intensa actividad de exploración del Pacífico de ingleses y franceses a finales del siglo XVIII no tardó en provocar una reacción entre los intelectuales españoles de la época, que pronto quisieron emular los viajes de Cook y La Perouse.

Entre ellos, los entonces capitanes de fragata Alejandro Malaspina y José de Bustamante y Guerra, quienes propusieron una gran expedición de la Real Armada con un doble objetivo científico y político. Así, el 10 de septiembre de 1788 enviaron una carta al Ministro de Marina, Antonio Valdés, que un mes después les confirmaba la autorización del rey Carlos III.

Un rey, Carlos III, entusiasmado con la ciencia y la técnica y que, durante las últimas décadas del siglo XVIII, había aprobado una gran cantidad de expediciones científicas por el Imperio. De hecho, según los historiadores, la monarquía española de la época dedicaba al desarrollo científico un presupuesto muy superior al del resto de naciones europeas.

 

Las corbetas Atrevida y Descubierta, en un dibujo original de Fernando Brambila

 

El viaje

 

Profundamente documentada y planificada, la expedición contó con dos corbetas construidas para la ocasión: Atrevida y Descubierta. Lideradas por Bustamante y Malaspina, respectivamente, ambas zarparon de Cádiz el 30 de julio de 1789, integradas por una importante representación de la intelectualidad española del momento: los astrónomos e hidrógrafos Juan Gutiérrez de la Concha y Felipe Bauzá; dibujantes como José del Pozo, José Guío, Fernando Brambila y Tomás de Suria; el botánico Luis Née; y naturalistas como Antonio Pineda y Tadeo Haenke.

Durante los siguientes cinco años, Malaspina y la tripulación de la Descubierta pasan por las islas Canarias; recorren las costas brasileñas; el río de la Plata, Montevideo y Buenos Aires; la Patagonia y las Malvinas; el cabo de Hornos; Chiloé y las costas chilenas, desde donde se desvía hacia la isla de Juan Fernández; El Callao y Lima; Panamá –donde imaginó la posibilidad de construir un canal que uniera el Atlántico y el Pacífico; las costas californianas de México y la incipiente nación de los Estados Unidos; y los territorios canadienses del oeste y la actual Columbia Británica hasta llegar a Alaska. De nuevo, vuelve a México, a las islas Marianas y pone rumbo a Filipinas.

Por su parte, la Atrevida, al mando de Bustamante, viaja hasta Macao, para conocer las relaciones comerciales entre esta colonia portuguesa y China, y que habían incomodado al virrey español de Filipinas.

La expedición también llegará a Nueva Zelanda y Port Jackson, en Australia; al archipiélago de las Vavao; desde allí, de nuevo a las costas peruanas y, al fin, la vuelta a España hacia el este por la Tierra de Fuego, las Malvinas y Montevideo.

 

Ruta de la Expedición Malaspina. Mapa de Iván Hernández Cazorla / Wikipedia

 

El resultado

 

El 21 de septiembre de 1794, la expedición regresa a España con un inmenso patrimonio de conocimiento sobre Historia natural, cartografía, etnografía, astronomía, hidrografía y medicina, además de los aspectos políticos, económicos y sociales de los territorios visitados. En total, más de un millón de hojas escritas y dibujadas, centenares de cartas marinas y terrestres; miles de plantas y muestras geológicas; multitud de anotaciones y mediciones astronómicas; apuntes sobre la etnología de las zonas recorridas; y estudios sobre cómo combatir enfermedades. Además, el informe Viaje político-científico alrededor del mundo incluía un documento confidencial, con observaciones críticas de carácter político y favorable a la concesión de una amplia autonomía a los territorios del Imperio.

 

Ritual funerario, dibujado por Fernando Brambila

 

Sin embargo, la España que Malaspina y Bustamante habían dejado en 1789 no era la misma que en ese momento. La Revolución francesa había enfriado el reformismo en España, había provocado la reacción de la Iglesia y se había hecho imparable el ascenso al poder Manuel Godoy. De modo que, si bien los primeros meses los expedicionarios fueron recibidos con aplausos, pronto la Corte pasará por ignorar la hazaña y a sus héroes.

Al no recibir ni los honores ni el cargo de importancia que siempre anheló, Malaspina se embarca en conspiraciones para derrocar al gobierno de Godoy y planear un posible gobierno en el que figuraba el ilustrado Melchor Gaspar de Jovellanos. Al ser descubierta la conocida como ‘conspiración Malaspina’, y tras un juicio sumarísimo, es condenado a diez años de reclusión en un castillo coruñés. Tras más de seis años de encierro, durante los que escribió varios libros, Malaspina queda en libertad con la condición de no regresar jamás a España.

Llega a Génova en 1803, donde es recibido con honores. Unos años más tarde, en 1810, fallece en su casa de Pontrémoli, cerca de su ciudad natal –Mulazzo-, y sin haber visto publicados los papeles de su inmensa expedición.

 

La expedición Malaspina en la actualidad

 

Pese a que durante el proceso a Malaspina en 1795 se pretendió eliminar los materiales de la expedición, estos fueron preservados por la Dirección de Hidrografía del Ministerio de Marina en Madrid. Pero el grueso del trabajo permaneció inédito hasta 1885, cuando el teniente de navío Pedro de Novo y Colson publicó Viaje político-científico alrededor del mundo de las corbetas Descubierta y Atrevida al mando de los capitanes de navío D. Alejandro Malaspina y D. José Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794.

En la actualidad, la mayor parte de los fondos se conservan en el Museo Naval de Madrid, el Real Observatorio de la Armada, el Real Jardín Botánico y el Museo Nacional de Ciencias Naturales, donde siguen siendo objeto de estudio por parte de historiadores y biólogos.

Asimismo, en reconocimiento a las aportaciones de la expedición, diversas instituciones españolas pusieron en marcha en 2010 una gran expedición científica de circunnavegación e investigación multidisciplinar que recibió el nombre de Malaspina, centrada en el cambio climático y la biodiversidad de los océanos.

 

El Buque de Investigación Oceanográfica (B.I.O.) Hespérides, a su llegada al Arsenal de Cartagena en julio de 2011, tras finalizar la expedición Malaspina 2010. Foto: EFE/Juan Francisco Moreno