Recordamos la historia de esta gallega, cuyo papel fue fundamental en la vacunación contra la viruela de cientos de miles de personas en el siglo XIX, y la posterior erradicación de la enfermedad en la década de 1970

 

El Ministerio de Defensa denominó hace más de un mes su despliegue militar contra la Covid-19 como ‘Operación Balmis’, en homenaje al médico militar alicantino, Francisco Javier Balmis, que emprendió en 1803 la gran gesta de vacunación masiva contra la viruela en América Latina y Filipinas.

La conocida como Real Expedición Filantrópica de Vacunación, además de frenar la pandemia que estaba acabando con miles de vidas y proteger a cientos de miles de habitantes de esos territorios, sentó las bases de la erradicación de la viruela, que se produjo definitivamente en la década de 1970.

Pero, además de Balmis y del cirujano catalán Josep Salvany, una de las figuras clave en el éxito de la misión fue la de Isabel Zendal, encargada de cuidar y acompañar a los niños que sirvieron de portadores de la vacuna desde España hasta América y Filipinas en sus propios cuerpos.

Nacida en 1773 en una aldea gallega y en el seno de una familia pobre, Zendal pronto se buscó la vida en La Coruña, donde empezó a trabajar en 1800 en la Casa de los Expósitos del Hospital de Caridad. Su función allí era la de cuidar de los huérfanos de entre siete y catorce años a cambio de una escasísima remuneración. Uno de los motivos por los que no dudó en aceptar la oferta de Balmis, mucho mejor, y embarcarse en 1803 en la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna.

Su función sería la de cuidar de los 22 niños huérfanos de entre tres y nueve años que habían sido inoculados con la vacuna contra la viruela y que servirían de portadores de la solución durante el viaje desde España hasta América Latina y Filipinas a bordo de la corbeta María Pita. Niños que, por su condición, no quería nadie; excepto Isabel, que llevó a su propio hijo Benito, de diez años, a quien crio como madre soltera.

Zendal permaneció nueve años de navegación y rutas terrestres para inmunizar a cientos de miles de personas en la primera gran campaña de vacunación universal de la historia de la humanidad. Su papel fue decisivo, arriesgando su salud por cuidar a los niños día y noche.

 

Vacunación de brazo a brazo | Constant-Joseph Desbordes. Wikimedia Commons

 

De La Coruña partió hasta Santa Cruz de Tenerife, donde pasaron un mes vacunando. En enero de 1804 salieron de Canarias para llegar a Puerto Rico el 9 de febrero. Justo un año después la expedición partió rumbo a Filipinas, con un grupo ya de 26 niños –entre ellos también el hijo de Isabel-, adonde llegaron en abril de 1805. Cuatro años después, regresaban a Acapulco, en México. Isabel y su hijo Benito se instalaron en ese país, en la ciudad de Puebla, y no volvieron nunca más a España.

Por su parte, la mayoría de los huérfanos fueron adoptados también en México, donde su porvenir fue mejor que el que hubieran tenido en España –uno de ellos, incluso, llegó a ser abogado y profesor de leyes.

El gran mérito de la Real Expedición Filantrópica de Balmis, además de la vacunación directa, brazo a brazo, fue el de regular su difusión. Por todos los territorios recorridos se crearon juntas encargadas de asegurar la buena conservación de la vacuna y su inoculación ordenada por sus territorios. En muchos casos, los sacerdotes llevaban un registro de los vacunados, paralelo al del bautismo.

 

Reconocimiento internacional (aunque tardío)

 

Pese a su loable papel en la Expedición, pasaron décadas hasta que Isabel Zendal recibió el reconocimiento que se merecía. Tal era la poca relevancia de esta mujer en el relato de la historia, que hasta épocas más recientes llegaron 35 versiones de su nombre, con variaciones como Zendalla, Cendales, Gandalla o Sendales.

 

Fotograma de la película «22 ángeles», de TVE

 

Hubo que esperar hasta 1950, cuando Isabel Zendal fue considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la primera enfermera en misión internacional de salud pública de la historia. Un reconocimiento al que se sumó el Premio Nacional de Enfermería que, desde 1975, concede el Gobierno de México en su honor. Zendal también cuenta, entre otros, con un monumento y una calle en La Coruña; la película 22 Ángeles, dirigida por Miguel Bardem; presencia en la literatura con novelas como A flor de piel (Javier Moro), Ángeles custodios (Almudena de Arteaga) o Los niños de la viruela (María Solar); un cómic, y hasta una asociación.

Sin embargo, tanto la gesta de la Expedición Filantrópica –vacunaron a más 250.000 personas y establecieron las juntas de vacunación y la medicina preventiva en territorios de todo el mundo- como el papel de Zendal siguen siendo desconocidos para buena parte de la población. Crisis como la del coronavirus pueden servirnos también para poner la vista en el pasado y ver cómo, también en otras ocasiones, el ingenio y el esfuerzo de otras personas han sabido solucionar situaciones muy complejas.

 

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