El 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa relativamente reciente (hace apenas 110 años que se habló por primera vez de ella) que todavía no tiene cura ni tratamiento que la controle. Consiste en una pérdida paulatina de la memoria y de la autonomía, un deterioro cognitivo importante que lleva consigo alteraciones en el lenguaje, pérdida del sentido de la orientación y dificultades para la resolución de problemas.

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Fundación Alzheimer España

 

Teniendo esto en cuenta y también que el número de pacientes va ascendiendo año tras año, en España la comunidad investigadora y la industria farmacéutica llevan años invirtiendo grandes recursos y esfuerzos para dar con una terapia farmacológica efectiva que dé solución al problema. Pero también se está trabajando en nuevas herramientas que mejoren la calidad de vida de pacientes y de sus familiares y cuidadores.

‘MiMe’ y ‘SuMe’

La compañía de tecnologías de la información Ibermática y la Fundación Alzheimer España (FAE) presentaban hace unos días un proyecto pionero en Europa que tiene como objetivo ayudar al paciente que está en la primera fase de la enfermedad a conservar su autonomía el máximo tiempo posible. Se trata de ‘MiMe’ (Mi Memoria) y ‘SuMe’ (Su Memoria), un dispositivo móvil de uso sencillo para el paciente combinado con una aplicación que se instala en el teléfono del cuidador.

Éste puede controlar con el GPS la situación geográfica del enfermo y evitar así que se pierda o se desoriente; programar avisos de forma remota para la toma de la medicación o la visita al médico; o, simplemente, llamar por teléfono. Por su parte, el paciente puede ser guiado a lugares frecuentes si lo necesita por el dispositivo, visualizar rápidamente sus tareas diarias y llamar con facilidad a aquellas personas que estén incluidas en su agenda de contactos, representados con una fotografía, en vez de con un nombre.

Aunque todavía está en fase piloto, el prototipo ya ha sido probado por 30 familias españolas con buenos resultados, especialmente en aquellas cuyos pacientes están en fases incipientes.

Algoritmos para una detección precoz

Desde las asociaciones de pacientes se hace mucho hincapié en la necesidad lograr un diagnóstico precoz de la enfermedad para ralentizar sus efectos, algo que no es habitual. Para mejorar esta situación, un equipo del centro de investigación de la Fundación Pasqual Maragall ha desarrollado un algoritmo de inteligencia artificial capaz de detectar indicios de cambios patológicos en el cerebro en personas cognitivamente sanas.

El proyecto está enmarcado en el programa CaixaImpulse, y basa sus resultados en el análisis de imágenes de resonancia magnética. Sus responsables aseguran que, gracias a este algoritmo, no sólo se puede observar qué personas sanas tienen mayores probabilidades de desarrollar Alzheimer. Además podrían evitarse pruebas invasivas y costosas en personas que realmente no las necesitan para descartar esta enfermedad.

Datos de la enfermedad

Según la FAE, una de cada seis personas mayores de 65 años (el 16,7%) y casi un tercio de los mayores de 85 años (un 27,7%) padecen esta enfermedad en España. Se calcula que son alrededor de 600.000 los pacientes que la sufren y, de no aparecer una cura, en el año 2050 esta cifra podría ascender hasta el millón de personas.

Desde la Fundación aseguran que es muy importante el diagnóstico precoz para ralentizar con todas las herramientas posibles el avance de la enfermedad y poder prolongar así la autonomía del paciente. Desgraciadamente, gran parte de la población considera los primeros síntomas de la enfermedad como una consecuencia normal del envejecimiento.

En estos momentos, es posible detectar esta dolencia diez años antes de que se haga sentir, si se detectan problemas de memoria o síntomas de depresión. Según la FAE, son signos de aviso colocar cosas en lugares equivocados, una dificultad constante en recordar el nombre de objetos habituales o encontrar problemas a la hora de realizar tareas sencillas, como abrir la puerta con la llave o no conseguir hacer una llamada telefónica.