EFE/ Ana Isabel Crespillo

 

El embalse de Sierra Brava, en Cáceres, alberga un nuevo parque fotovoltaico cuyas 3.000 placas solares se disponen en una superficie de 12.000 metros cuadrados sobre el agua. Un proyecto pionero que mejora el rendimiento energético y su integración en el medio ambiente

 

Las renovables siguen imparables en España. La última muestra: la reciente instalación de una planta de energía fotovoltaica flotante, situada en el embalse de Sierra Brava, en Extremadura. Una infraestructura pionera que puede convertirse en el ejemplo de una tecnología limpia con mejor rendimiento energético, mayor integración en el entorno natural y que contribuye a la mejora de la calidad del agua.

Este innovador parque fotovoltaico es fruto de una inversión de 1,7 millones de euros, procedentes de la colaboración público-privada entre Acciona y la Junta de Extremadura, principalmente. Es capaz de generar una potencia de 1,1 megavatios (MW), abaratando la producción de energía eléctrica en comparación con los paneles solares habituales sobre tierra firme, al contar con una mayor refrigeración. La nueva planta, de la que se beneficiarán en primer término las comunidades de regantes de la zona, coloca a Extremadura a la vanguardia tecnológica de las energías verdes y supone el inicio de la expansión de este tipo de tecnología, con grandes posibilidades en el resto del país y en el mundo.

La planta se compone de 3.000 placas solares de distintos tipos con su correspondiente inclinación y orientación (para optimizar su rendimiento), distribuidas en cinco estructuras flotantes que forman una superficie total de 12.000 metros cuadrados. Su emplazamiento, en la localidad de Zorita (Cáceres), equivale solo a un 0,07 del total de las 1.650 hectáreas del pantano. El respeto al medio ambiente ha sido otra de las máximas de la nueva infraestructura: se han incluido dos islas flotantes para el anidamiento de las aves, y se analizará detalladamente la relación entre la fauna –alada, acuática y subacuática- y las placas flotantes.

 

EFE/ Ana Isabel Crespillo

 

Entre las ventajas de disponer las placas sobre el agua están la reducción del sobrecalentamiento de las placas –y, por tanto, un mejor rendimiento-; la plena exposición al sol gracias a contar con una superficie completamente plana; una menor evaporación del agua embalsamada sobre la que se ubican; y la reducción del crecimiento de algas, por lo que la calidad del agua de los embalses se ve mejorada. La energía fotovoltaica flotante, por tanto, se complementa a la perfección con la generación hidráulica, utilizando las conexiones de red ya existentes.

China, Corea del Sur, Japón y Países Bajos son algunos de los países con una mayor apuesta por los parques fotovoltaicos flotantes. La red de embalses de España, con unas condiciones climáticas a la energía solar, es un mercado potencial directo para este tipo de tecnología. Una nueva oportunidad para que el país consolide su posición pionera en el campo de las energías verdes, ámbito indispensable para la recuperación económica post-Covid.