El Ministerio de Defensa ha denominado ‘Operación Balmis’ a su despliegue militar contra el coronavirus, en homenaje a la expedición del alicantino Francisco Javier Balmis contra la viruela

 

Muchos hemos escuchado o leído durante las últimas semanas que ‘Operación Balmis’ es el nombre con el que el Ministerio de Defensa ha denominado al despliegue de las Fuerzas Armadas contra el coronavirus. Lo que quizás no tantos conocen es que se trata de un homenaje a uno de las grandes aventuras globales protagonizadas por españoles.

Francisco Javier Balmis (1753-1819), médico militar alicantino, lideró en 1803 una expedición de vacunación contra la viruela en América Latina y Filipinas que salvó las vidas de cientos de miles de personas de todo el mundo. Una gesta universal que marcó un antes y un después en la medicina, iniciando una batalla contra la enfermedad que consiguió, más de un siglo después, convertir a la viruela en la primera y única enfermedad humana erradicada (su último caso se dio en 1978).

 

El gran problema de la viruela

 

En la Europa de siglo XVIII, la viruela acababa cada año con la vida de unas doscientas mil personas, la mayoría niños. Una amenaza que no entendía de clases sociales y afectaba desde a los más pobres hasta a los miembros de la realeza, como Luis I de España.

La sorpresa llegó cuando se descubrió que las personas que ordeñaban vacas no se contagiaban. El médico británico Edward Jenner investigó la reacción de los fluidos infectados de un anima en un niño y llegó el hallazgo: había quedado inmunizado.

Ante este avance, el rey Carlos IV, en cuyos dominios de Nueva Granada –que abarcaba las actuales Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá- se había desatado una epidemia de viruela, y que también había sufrido la pérdida de una de sus hijas y un hermano por esta enfermedad, apoyó el proyecto de vacunación en su vasto imperio a cargo del médico de la Corte, Francisco Javier Balmis.

 

 

Una larga y difícil expedición

 

Desde La Coruña, en 1803, partió la llamada Real Expedición Filantrópica, liderada por Balmis, junto al cirujano Josep Salvany e Isabel Zendal. Tras su llegada a Venezuela en 1804, la expedición se dividió para llegar a más zonas: Balmis hacia México y, de ahí, a Filipinas, no sin grandes dificultades. Salvany hacia el sur, haciendo frente a los obstáculos geográficos y climatológicos.

Aunque los avances de Jenner ya se conocían, existía un tráfico clandestino y de contrabando de cristales con el pus e incluso en zonas como Puerto Rico, Cuba o México otros médicos españoles ya estaban vacunando, el gran mérito de la Real Expedición Filantrópica de Balmis fue regular su difusión y forma de inoculación. Por todo el continente se crearon juntas encargadas de asegurar la buena conservación de la vacuna y su extensión ordenada por sus territorios. Muchos sacerdotes, incluso, llevaban un registro de los vacunados paralelo al de bautismos. Una extensión que, en definitiva, fue el resultado de la interacción entre la metrópoli y las instancias locales de América Latina y Filipinas.

 

Isabel Zendal, primera enfermera en misión internacional de la Historia

 

Hija de campesinos gallegos, Isabel Zendal está considerada por la Organización Mundial de la Salud como la primera enfermera en misión internacional. Sin ella la misión no hubiese sido posible. Directora del Hospicio de La Coruña, fue quien se encargó de los 22 niños entre tres y nueve años,  que habían sido inoculados con la vacuna aún viva en su cuerpo y que fueron los portadores de la solución en el largo viaje desde España hasta América Latina y Filipinas.

Por su parte, el catalán Josep Salvany, el otro gran protagonista de la Expedición, murió vacunando, debido al tifus que había contraído previamente en España.

 

Más de 250.000 niños vacunados

 

Se calcula que la expedición liderada por Balmis consiguió vacunar a más de 250.000 niños de todo el mundo. Incluso en la isla de Santa Elena, dominio británico, el médico alicantino consiguió convencer a las autoridades para que vacunaran a su población. Incluso el descubridor de la vacuna, Edward Jenner, afirmó sobre la expedición que “no puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que este”.