Se cumplen 40 años de la muerte del llamado «ángel de Budapest», el diplomático español que salvó la vida de unos 5.000 húngaros perseguidos por el nazismo

 

Muchas veces se le ha llamado «el Schindler español», en referencia al industrial alemán que, como bien relató Spielberg en una de las obras maestras de Hollywood, salvó la vida de unos mil doscientos judíos empleándolos en sus fábricas de Polonia y Chequia. Pero lo cierto es que el mérito del diplomático español Ángel Sanz Briz protegiendo a miles de judíos del Holocausto nazi bien merece un reconocimiento propio y sin comparaciones.

El «ángel de Budapest», como se le conoce, logró salvar la vida a unas 5.000 personas durante su etapa como encargado de negocios de la Legación española en la capital de Hungría, proporcionando documentación que protegía a los judíos de la persecución y el exterminio nazis.

 

Un joven diplomático en la Hungría nazi

 

Tras un primer destino como encargado de negocios en la Embajada de España en El Cairo, Ángel Sanz Briz –nacido en Zaragoza en 1910-, recibe su segundo destino también como encargado de negocios de la Embajada, pero esta vez en Hungría. Un Estado aliado del Eje, donde si bien no se habían llevado a cabo medidas de exterminio de judíos, reinaba un fuerte antisemitismo.

Al poco de comenzar la II Guerra Mundial, de hecho, se habían promulgado leyes contra la población judía entre las que se encontraban las cuotas máximas de judíos por clase en el instituto o, peor aún, en algunas universidades se organizaba el “día de la paliza a los judíos”. La ocupación de Hungría por parte de las tropas alemanas el 19 de marzo de 1944 agrava la situación. Adolf Eichmann, el Teniente de las SS responsable del exterminio judío, llegó a Budapest y dio órdenes a la Policía de colocar la estrella amarilla a todo judío, expropiarles de patrimonio y derechos civiles, concentrarlos en casas marcadas con estrellas, trasladarlos luego a guetos y, finalmente, enviarlos a campos de exterminio. El 15 de octubre de ese mismo año, y tras el golpe de Estado del partido filonazi de la Cruz Flechada, el nuevo ministro del Interior dejó claro que continuarían la senda de persecución y exterminio iniciada por los nazis en el país.

 

Campaña de burlas – Marcha de judíos por las calles de Budapest, octubre de 1944

 

Estas amenazas tuvieron una rápida repercusión en otros países. EEUU advirtió de las consecuencias para los responsables de esta persecución una vez terminara la guerra. Los países neutrales también hicieron llegar su malestar al gobierno húngaro. Entre ellos España, que lamentó que unos 200 protegidos españoles con la Schutzbrief (salvoconducto de protección) fuesen sacados de sus casas y obligados a marchar 30 kilómetros diarios sin apenas alimentos, pese a las repetidas ocasiones en las que la Legación española en Budapest había pedido liberarlos y extraditarlos.

La degradación de las relaciones bilaterales entre España y Hungría en este momento llevó al Embajador español, Miguel Ángel Muguiro, a volver a Madrid. Tras esta decisión, la Legación española pasaría a ser representada por Ángel Sanz Briz.

 

El «ángel» de los judíos húngaros

 

Sanz Briz se percató de lo que sucedía en Budapest y advirtió al Gobierno. En un documento del 16 de julio de 1944, explica que “el número de los israelitas deportados se aproxima a los 500.000” y se hace eco de los “rumores alarmantes” que circulan por la ciudad y que apuntan a que son enviados, hacinados en vagones, “a un campo de concentración cercano a Kattowitz donde les matan con gas, utilizando los cadáveres como grasa para ciertos productos industriales”.

Al no recibir instrucciones del gobierno español, el joven diplomático buscó por su cuenta la fórmula de proteger de la muerte a los judíos perseguidos. Hasta dar con un Real Decreto de Alfonso XIII de 1924, por el cual los descendientes de los judíos sefardíes expulsados en 1492 tenían el derecho de ser repatriados y acceder a la ciudadanía española.

 

Documento de protección emitido en Budapest por Sanz Briz. Imagen: Yad Vashem

 

El diplomático fue más allá y extendió el círculo de protegidos a otros judíos que no eran de origen sefardí, expidiendo tres tipos de documentos: 15 pasaportes españoles regulares para los judíos de origen sefardí, que garantizaba el derecho a repatriación; pasaportes “familiares” provisionales, que cubrían a más de 300 personas; y cartas de protección para quienes tuvieran parientes en España u otros países iberoamericanos representados por la Legación de España, para casi 1.900 personas.

Además de la documentación, Sanz Briz escondió y protegió a estas personas de las patrullas fascistas nazis y húngaras y de los bombardeos aliados. Alquiló 11 apartamentos para albergar a unas 5.000 personas bajo protección de España. La situación de hacinamiento, hambre y falta de higiene era dramática, pero el miedo a la deportación era mucho peor.

En su trabajo no estuvo solo: le acompañó el personal de la Legación de España en el número 11 de la calle Eötvös. Como la secretaria Elisabeth Tourné, húngara de nacimiento y francesa por matrimonio; y el jurista György Bárdos, que llegó incluso a disfrazarse de miembro del partido filonazi de Hungría para informar sobre redadas nazis. Giorgio Perlasca, un italiano al que Sanz Briz otorgó la documentación española, fue el encargado de continuar el trabajo de rescate de ciudadanos judíos iniciado por Sanz Briz, autodeclarándose Cónsul de España en Budapest. También ayudó Zoltán Farkas, un abogado húngaro, casado con una baronesa y con gran dominio del español, el francés y el alemán, y que intercedió en defensa de las gestiones de Sanz Briz.

 

Justo entre las Naciones

 

Sanz Briz abandonó Budapest en diciembre de 1944, poco antes de la llegada del Ejército soviético, y puso rumbo a Suiza, dejando en manos de Perlasca la ayuda a los judíos. El trabajo de ambos logró salvar más de 5.000 vidas.

Una misión que le hizo merecedor, en 1966, del nombramiento como “Justo entre las Naciones”, el máximo reconocimiento que entrega el Estado de Israel –a través de la institución memorial Yad Vashem- a las personas no judías que ayudaron a salvar vidas durante el Holocausto. Sin embargo, la importancia de la relación del gobierno franquista con el mundo árabe y la poca simpatía del régimen al Estado de Israel, hicieron que un disciplinado Sanz Briz no recogiese su condecoración. Años después de su muerte, el 11 de junio de 1980 en Roma, fue su familia la que a título póstumo recogió la condecoración de Yad Vashem en su nombre. Por su parte, el gobierno de Hungría le concedió la Cruz del Orden al Mérito de la República Húngara en 1994.

Además de una producción para TVE, documentales, calles, plazas y un sello español en su memoria, Sanz Briz ostenta distinciones internacionales del máximo nivel de Guatemala, Países Bajos, Bélgica y El Vaticano, entre otros.

 

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